Psi. César Yacsirk

Psi. César Yacsirk
Psicólogo Positivo

lunes, 13 de febrero de 2017

Luz de día


Hace algún tiempo se le acercó una imprudente dama a una de mis amigas. Dicha dama le increpaba, al enterarse que había sido cónyuge de un conocido, simpático y apreciado personaje de la comunidad, como había podido divorciarse de este. Mi amiga asombrada le respondió como solo un oriundo del occidente del país lo hubiera podido haber hecho: ¡Viví con él!!!

La percepción de la poco comedida dama, partía de la luz de día.


Abrimos los ojos temprano en la mañana para enfrentar las ocupaciones diarias: trabajo, estudio, responsabilidades varias. Despertamos como es natural despeinados, con los ojos pegados e hinchados.





Poco a poco buscamos salir de esta condición. Aceleradamente nos vamos embelleciendo, si el termino cabe. Las damas van cubriendo sus rostros de una cobertura de guerra que todos los hombres adoramos. Se van ajustando sus perchas de acuerdo a los cánones del entorno hacia donde se dirigen. Los varones otro tanto.

Jugando con los estereotipos, ella chequea con rigurosidad la ausencia de arrugas en la camisa de él, la alineación de la corbata, el largo de las cejas.

Doce o catorce horas más tarde, al regreso, nos parecemos más a los seres que abrieron los ojos en la madrugada. Antes de levantarnos claro está.

A esa hora de la tarde noche, hombres y mujeres ya han agotado la cantidad de palabras promedio que supuestamente expelen durante el día. El jabón y la colonia han perdido su efecto y un futuro baño nos acerca más al somier que al contacto con otros.

Lo mejor de nosotros se lo tragó la luz del día.

Durante el día mostramos nuestra mejor versión. Negociamos, sonreímos, luchamos por lo justo. Mostramos a los vecinos de la hora, nuestra mejor cara, nuestro mejor aroma, nuestras mejores sonrisas. Revelamos nuestras necesidades de intercambio ante compañeros de labor, que luego resentimos.

Luego de la pausa del almuerzo, sea este en un local elegantemente acondicionado o en la cocina de la oficina correspondiente, aclaramos nuestro aliento e intentamos recobrar nuestra apariencia de la mañana. Las chicas renuevan su maquillaje, en especial con su lápiz labial. Si la jornada se extiende bien sea por estudios o por alguna celebración de la semana, la rutina de renovación se inicia nuevamente.

Nos enamoramos de las personas con las que interactuamos en las mejores horas de nuestro día. Los chistes y anécdotas ya contadas por Facebook, las compartimos en esas horas. Nuestras preocupaciones las compartimos con los demás, un tanto por no hablarlas en la mañana para no estropear el día. O bien, las evitamos en la noche por no llevarnos un disgusto a nuestro lecho.

Sabemos que esas horas de vigilia son nuestras mejores. Comúnmente nos enamoramos en esas horas para luego no mantener nuestros dones en las horas nonas. Las amantes, los amigos de cajita de cereal también nacen en estas horas. A la luz de día. Personajes que se asemejan bastante a lo que significa amor y a la amistad, respectivamente. La luz de día aunque nos refiere más a una claridad meridiana, tal vez nos enceguece.

Comúnmente nos desenamoramos de las personas fuera de la luz del día, pensando que esa persona cambió. Y no lo hizo.

La reasignación de la luz de día se hace imprescindible, aún sea de noche. Es decir, ofrecer lo que ofrecíamos antes. Y a quienes se van incorporando en el camino, como son los hijos, ofrecerles nuestra luz de día. Aunque sea agregando una rutina de renovación adicional



Es menester evitar que lo mejor de nosotros se lo trague la luz de día.



Cesar Yacsirk

Febrero 13, 2017

1 comentario:

  1. El optimismo parte de nuestras actividades para ser FELIZ dentro del entorno que se viva sin dejar de expresar adecuadamente nuestros sentimientos.
    Gracias por compartir el escrito.

    ResponderEliminar