Psi. César Yacsirk

Psi. César Yacsirk
Psicólogo Positivo

domingo, 8 de enero de 2017

Primero estar ahí


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Hace 19 años aproximadamente, tuve la oportunidad de visitar Orlando y  todas las atracciones de la época.  El Reino Mágico, Epcot Center, Mundo Marino, Universal y una que otra comidita en algún restaurante temático.

En uno de esos lugares, específicamente en el mundo marino, había un espectáculo grandioso con Orcas y Delfines. Yo como siempre, estaba ataviado por una cámara filmadora y una fotográfica (en aquellos días se manejaba teléfono, filmadora y cámara como conceptos distintos). 

Es importante destacar también que los teléfonos no eran muy inteligentes que digamos (por no decir brutos, yo estaba contento con mi Nokia que le duraba la batería 48 horas). El visor de la cámara filmadora o “cam corder” correspondía igualmente a aquellos años, era en blanco y negro.

La madre de mi hija me insistía que filmara tan lucido espectáculo, ¡Era una delicia verlo!!! Sólo había un inconveniente. Mientras muchos de los asistentes veían las piruetas de los delfines, sentían el rocío del agua y no perdían un solo detalle, yo con un ojo abierto y otro cerrado, admiraba la escena en blanco y negro.

¡Recuerdo que me rebele!!!

“Ya va, ya va, Yo quiero ver la vaina a colores. Dícese, ver, sentir, oler, saborear.

¿Para quién estoy yo grabando esto? ¿Para mí, mi familia y amigos al llegar a mi sofá?

Ellos recordarían, Yo los vería por primera vez a color. La tecnología afortunadamente ha cambiado, ahora el visor es a color. Sin embargo, el vivir la experiencia, ver la cara de felicidad de mi hija en directo no tiene precio. Mucho menos valor tendría en diferido.

Desde hace muchos años me revelado ante todo esto, aun siendo un amante de los avances tecnológicos. Me asombran, me gusta adueñarme de ellos y ponerlos a mi servicio, pero no ponerme yo al suyo.

Hace mucho más tiempo del episodio narrado en los párrafos anteriores, comentaba la experiencia de participar en el nacimiento de mi única hija. Vi como “lidio” por salir naturalmente y ser dada a luz. Vi cómo me buscaba cuando la nombraba y escuché su primer llanto. Con ella venían una serie de líquidos que la mantuvieron feliz y alimentada. Presencie la conexión con su mama mientras se desprendía de los “cables” que la unían a  ella.

No pocos amigos me increparon… ¿Chamo y no filmaste ese momento tan especial? Por otro lado, me decían… ¿Quieren ver el parto de Perenceja?, ¡!!Lo tengo todo en DVD!!!
Este caballero mostraba a full color, además de las partes pudendas de su pareja, todos los pocos agradables fluidos que se desprendían, solo probablemente emocionantes para el padre de cualquier criatura.

Creo que no faltará mucho tiempo para que no solo el parto sea grabado, sino colocado en Facebook, Twitter, Pinterest, Snapchat, Periscope y en todos los grupos de Whatsapp.

Progresivamente he estado observando la imperiosa necesidad de hacer permanentemente público lo privado. Incluso de evadir lo privado para hacerlo público. La necesidad de para hacerlo mostrar mi felicidad al mundo “All the time”. La necesidad tiránica de obtener un “like”. El hambre de un comentario que ratifique lo que ya debo sentir, que estoy feliz. En ocasiones me he cuestionado mi nivel de satisfacción con la vida por no sentir este impulso.

No hay un bautizo de muñeca donde no exista un “selfie”, anglicismo que no traduce otra cosa que una foto que me tomo a mí con la mano extendida (o un palito conectado a la cámara) y a los que entren en la toma. Realmente son dos selfies. Una posando normal y otra con la muy, muy, muy original foto “loca”. Esa en la que usted saca la lengua, pela los ojos y estira los brazos. Reconozco haberlo hecho por no querer dañar el momento.

Estoy consciente que puedo no parecer cool (anglicismo que traduce chévere, guay, en onda), pero extraño el tiempo cuando no era tan importante comunicarle al mundo que me estoy tomando una cerveza con mi hija sino tomarme la cerveza con mi hija.
Extraño el momento cuando más que decir ¿No has visto mi Facebook?, era explicarle con mis gestos, mi tono y mi existencia toda, lo bien que la pasamos.

Extraño el compartir fotos, pero solo acompañado por la experiencia que ella alberga, para que las tenga quien desee tenerla. Quien por la distancia geográfica no haya podido compartir ese momento. Con fotos simples sin descripciones filosóficas profundas tales como: Ese chorrito es como un río y nuestro transitar por aguas turbulentas que nos llevarán a nuestro cenit existencial
O frases que han sido tan inadecuadamente difundidas que confunden su autoría, entre Buda y Mike Tyson.
Creo que momentos dejados de vivir que pasan por requerir mostrarnos en la red.

Desearía este año donde la felicidad de cada uno se vea en nuestra mirada, nuestro caminar o nuestro tono. Que pueda ser vista a través de nuestro transitar por este mundo, aprovechando cada micro momento para vivir, más que reportar en una red social. Que la foto sea un recuerdo imborrable para nosotros no descartable cuando necesito ganar espacio en la memoria del “Smartphone”.


Que las redes sirvan para acercar al que este lejos geográficamente y no para separarnos de quienes tenemos al lado. Para este año…Deseo ver la vaina a colores y contarles a través de mi cuerpo, emociones y reporte verbal.

Cesar Yacsirk

Enero 2017

8 comentarios:

  1. Magnifico texto profesor. Mis respetos y aplausos. No hay algo más maravilloso como vivir con intensidad el momento, aunque los registros lo inmortalicen, no lo podemos sacrificar. Totalmente de acuerdo. Brirkellia

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  2. yo soy absolutamente pro-tecnología, máxime en momentos en que, desperdigados, podemos compartir mínimamente las cosas con los que queremos y están lejos. Pero creo que por fín alguien pone el dedo en la llaga: es más importante vivir la experiencia que inmortalizarla, una tarea que ya la memoria asume. Gracias. César, por tu texto, tan lúcido y tan bien escrito

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    1. Gracias Linda, viniendo de una escritora ya consumada, es un gran honor.

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  3. De antología.Soy tu fan (seguidor) de la forma en que manejas el humor y haces que uno se sienta parte de la conversación. Excelente, que mas...

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  4. Jajajaja...gracias amigo. Cuando sea famoso y aún exista el papel, te enviaré una copia firmada.

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  5. César, nunca te había leído, me encantó tu artículo. Sabes que hasta estaba pensando que yo era rara porque no me provocaba publicar fotos y comentarios de momentos sublimes que he vivido y compartido con mis hijas y mis nietos que andan dispersos por tres continentes y los pocos momentos que logramos compartir me los bebo gota a gota y no quisiera que se me derramara ninguna por la más mínima distracción, porque nunca sabe uno cuando será la próxima vez, además son tan míos esos momentos que hasta egoísta me siento. Un gran abrazo extensivo a Lili

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  6. La tecnología ha sido maravillosa en muchos aspectos, indudablemente reencontrarte por fb con gente que tenia uno años sin ver y que viven del otro lado del mundo, ha sido maravilloso. Compartir experiencias a través de comentarios, las discusiones que se presentan, los artículos tan interesantes que se comparten. Pero todo tiene su contra.. Me fascinaba hojear el periódico . Cuando había que revelar el rollito de fotos, yo llevaba mis albunes. Salio la digital y eso se acabo. Antes tenia los casetes con las películas de la handicam, Ahora los teléfonos empezaron a tomar fotos y videos y raramente los bajamos y ordenamos. Inmortalizamos el momento pero queda allí y todo avanza a una velocidad tal, que abruma. Has dado al clavo cuando dices que se deja de vivir el momento por quererlo mostrar a los demás. Porque ese afán de gritar al mundo lo feliz que soy, lo afortunada que me siento o lo chevere que esta siendo mi viaje????? Realmente es de pensar.

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