Psi. César Yacsirk

Psi. César Yacsirk
Psicólogo Positivo

martes, 15 de diciembre de 2015

Regalos en la Adultez

Estimo que los regalos en la adultez revisten una complejidad diferente a los regalos de la infancia.
Recuerdo de niño a mi Papá planificando los regalos para darme, armando previamente lo que había que armar e influyendo en mis aspiraciones, de tal manera que no se me ocurriera pedirle a Santa algún presente que no estuviera a su alcance.

Al final, más que los regalos en sí, era el misterio de saber que una entidad omnipresente (específicamente en navidad) se encargaba de mi felicidad. Era el recibir sin plantearme el merecimiento. Ya al abrir los regalos y no encontrar carbón, era el reconocimiento tácito a mi buen comportamiento.

Ya con los años, borrado todos los mitos acerca del ratón Miguelito para compensar la pérdida de un diente, el niño Jesús (que siempre me pareció inadecuado que con horas de nacido estuviera recibiendo sereno por todos los confines del mundo), los reyes magos y el conejo de Pascua, son otros los elementos que entran en juego. Otros y nuevos elementos que desdibujan lo maravilloso que es dar y recibir.

Para ambas situaciones (dar y recibir) precisa retomar los sentimientos de la infancia. El adulto
cuando da, se confronta con una serie de ideas que se alejan del sublime hecho de dar. ¿Le quedará bien? ¿Qué pensará si le regalo esto o aquello? ¿Será poquito? ¿Será lo adecuado?

En estos momentos me pregunto si un niño pequeño se plantea lo mismo al darte mitad de su ensalivada torta o cuando te entrega un dibujo que escasamente es posible distinguir que es lo que quiso decir al pintarte de esa manera. Al recibir un regalo, el adulto probablemente se plantee  similares interrogantes lejanas del hecho mismo de regalar.
Una tonalidad más intensa se apodera del  dar y recibir, cuando hablamos de regalos dados por la vida, Dios, el Universo o las circunstancias. ¿Es el momento adecuado? ¿Estaré preparado para lo recibir lo que solo en mis mas íntimos deseos alguna vez pedí?

Esa eterna confrontación entre lo que la vida me entrega y el tiempo o espacio en el cual se plantea su aparición. Son regalos que no admiten disertación ni confrontación. Son regalos para los cuales solo la aceptación y el agradecimiento tienen cabida.

Y como todo sentimiento de gratitud va ligada con la reciprocidad, entender que todo regalo conlleva una responsabilidad.

Así como recibimos una planta, así tenemos la responsabilidad por regarla. Así como llegan y agradezco las cosas bellas que llegan a mi vida, así tengo el deber de hacerlas florecer y devolver sus frutos a mi entorno.

Cesar Yacsirk

Dic. 15, 2015

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