Psi. César Yacsirk

Psi. César Yacsirk
Psicólogo Positivo

viernes, 29 de mayo de 2015

A quién le agradezco entonces?

Al empezar a transitar los caminos de la gratitud y sobre todo al transmitirlo, se hace especial énfasis en el reconocimiento y conocimiento de la bondad que esta fuera de mi, de las cosas que recibo de otros y que me producen bienestar.

Con intención de acercar más lo etéreo a lo concreto, invito a los otros a personalizar el agradecimiento. A ponerle rostro al benefactor.

Centrado en la creencia indudable de la existencia de Dios, invito al agradecimiento en aquel qué enviado tal vez por el creador, me entrega un regalo que indefectiblemente tengo que expresarle mi gratitud.


Mi mamá los llamaba Ángeles al dirigirse a todo aquel que aparecía en la vida de nosotros como benefactor y probablemente desaparecían con la misma rapidez con la que entraban en escena.
Sin embargo, recientemente, he recibido la bondad de percibir lo bueno y lo malo que me rodea, con o sin rostro. Los milagros que cada día ocurren que más que una persona, responden a una cadena de personas, aparentemente inconexas.
Logros obtenidos, situaciones que ocurren, cosas que pasan y que han estado pasando durante años y que solo el estar presto a observarlas, devela un manto invisible pero no transparente. Algo que ha estado presente desde nuestro nacimiento pero que no teníamos las distinciones para apreciarlo.

Llamémoslo ampliación del entendimiento pero, en la conciencia que lo bueno y malo es una ambigüedad que aún no atino a resolver. Y es el entendimiento de que todo lo que entendemos como “bueno” lleva debajo de la falda aprendizajes no necesariamente agradables. Y todo lo que entendemos como “malo”, aunque doloroso en ocasiones,  lleva consigo una caja de herramientas. Agradecimiento no solo hedónico.

El bienestar se siente una vez que entiendes que puedes percibir lo recibido como beneficioso. Es el estar presto a percibir esto, ampliando las miras como dijo Emmons.
¿A quién agradezco entonces? A Dios? A la vida? ¿Ancestros, progenitores, hijos, compañeros de trabajo, jefes o supervisados? ¿A mis grupos de amigos, de estudio o de lectura? ¿A las conserjes de los edificios que he habitado, vecinos? ¿A quién me dio una dirección cuando estaba extraviado?
Violeta Parra resolvió el tema agradeciéndole simplemente  a la vida, quedando absuelta de olvidar a alguna persona importante.

Cesar Yacsirk

Noviembre 20, 2014

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